Lo intenté, de veras lo intenté pero en verdad no pude volver a escribir aquí. Hace casi un año que el gato salió por la ventana y lo de marzo no contó ni como un asomo de bigotes. En fin...
Sin embargo, seguiré escribiendo aquí http://dijoelcuervo.com/ y los mantendré al tanto de mi conversión a la fe acá http://el-gato-que-come-pasta.blogspot.com/
Au revoir!
jueves, abril 23, 2009
jueves, marzo 05, 2009
No hay cucharas. La entropía gana.
Después de casi un año, ahora me dio por hacer haikus.
No me pregunten nada, que no sé si responderé. No creo que este sea un gran suceso en la red, pero puede que el gato esté de vuelta.
No me pregunten nada, que no sé si responderé. No creo que este sea un gran suceso en la red, pero puede que el gato esté de vuelta.
domingo, julio 13, 2008
El gato se fue
Sí. Supongo que saltó por la ventana, pese a estar cerrada ésta. La última vez que lo hizo me sentí perdida. Hoy no estoy segura de querer que regrese. Podrá pasar un día, un mes, un año sin que sepa nada de él. No lo buscaré, no tengo manera de hacerlo. Si llegase a encontrarlo, me abstendré de preguntarle si quiere volver. Me dolería más su rechazo que su ausencia. Sin embargo, dejaré en la despensa su lata de comida y su cuenco para el agua. Quizá quiera usarlos alguna vez.
Por cierto, yo sé que les importa y se los digo, José está dormido en mi cama.
Por cierto, yo sé que les importa y se los digo, José está dormido en mi cama.
miércoles, julio 09, 2008
¿De dónde eres? ¿Yo?, de la Guerrero
De los años de mi hermano en Oaxaca hay una anécdota que siempre me ha llamado la atención. Estaba él empujando su carrito de paletas cuando una anciana, molesta por la estrechez de la banqueta, lo rebasó rumiando: "Estos malditos orientales que nada más nos vienen a quitar el trabajo". Cada que la cuenta nos gana la risa y no por lo absurdo que resulta el establecimiento de la industria paletera como fuente de empleos a defender. Lo risible del asunto es que, por más licencias poéticas que nos tomemos, mi hermano no tiene cara de oriental por ningún lado. Yo, que según las malas lenguas soy igualita a él, menos. O eso creía...
El domingo me puse a platicar en inglés con un tipo de Namibia. En algún punto de la conversación me pregunta:
- Where are you from?
Me pareció que el comentario estaba de más; el que tenía cara de turista era él, no yo.
- What do you mean? Which town I was born or what?
- No. Where are you from?
Respondí sin estar segura que estuviéramos hablando el mismo idioma.
- I'm mexican.
- Really? I believed you were from some part of Asia.
- What?!
No, en realidad dije "¡¿guá?!"
- Yeah. But, your parents are from there, right?
- Nop.
- One of them?
- Nop.
- Your grandparents then?
- Nop.
- Not all, but maybe a couple?
- Nop.
- Someone in your family?
- Nop.
- At least one foreigner, or something?
- Enough, big guy.
Pero me quedé con la duda y le conté al inge.
- ¿Qué opina, mi estimado?
- La verdad, licenciada, es que tiene usted una caida de ojos muy particular.
Con toda la impaciencia de que fui capaz, repliqué.
- ¿Esssss decir?
- Que no sé, jaja.
Cerré esa parte de la conversación con un mexicanísimo "mmta" ante su sinceridad galopante y me puse a ver fotos.
¿Oriental? ¿De dónde? ¡Ni siquiera me vestí de china poblana en los bailables de la escuela! Cierto que mis ojos no son grandes y que tengo unas ojeras destacables, pero en esta casa ni blanquitos somos. Flacos, menos. ¿Cachetones? Sí, a estas alturas del partido ya me hice a la idea. Tampoco somos altos y si algo se nos encrespa es el cabello. Pero, ¿ustedes qué dicen?
Ya me los imagino preguntando, ¿y esta quién es? ¡Soy yo! En la versión más original que tengo a la mano, pa'que no digan que altero el proceso de auscultación.
El domingo me puse a platicar en inglés con un tipo de Namibia. En algún punto de la conversación me pregunta:
- Where are you from?
Me pareció que el comentario estaba de más; el que tenía cara de turista era él, no yo.
- What do you mean? Which town I was born or what?
- No. Where are you from?
Respondí sin estar segura que estuviéramos hablando el mismo idioma.
- I'm mexican.
- Really? I believed you were from some part of Asia.
- What?!
No, en realidad dije "¡¿guá?!"
- Yeah. But, your parents are from there, right?
- Nop.
- One of them?
- Nop.
- Your grandparents then?
- Nop.
- Not all, but maybe a couple?
- Nop.
- Someone in your family?
- Nop.
- At least one foreigner, or something?
- Enough, big guy.
Pero me quedé con la duda y le conté al inge.
- ¿Qué opina, mi estimado?
- La verdad, licenciada, es que tiene usted una caida de ojos muy particular.
Con toda la impaciencia de que fui capaz, repliqué.
- ¿Esssss decir?
- Que no sé, jaja.
Cerré esa parte de la conversación con un mexicanísimo "mmta" ante su sinceridad galopante y me puse a ver fotos.
¿Oriental? ¿De dónde? ¡Ni siquiera me vestí de china poblana en los bailables de la escuela! Cierto que mis ojos no son grandes y que tengo unas ojeras destacables, pero en esta casa ni blanquitos somos. Flacos, menos. ¿Cachetones? Sí, a estas alturas del partido ya me hice a la idea. Tampoco somos altos y si algo se nos encrespa es el cabello. Pero, ¿ustedes qué dicen?
Ya me los imagino preguntando, ¿y esta quién es? ¡Soy yo! En la versión más original que tengo a la mano, pa'que no digan que altero el proceso de auscultación.
martes, julio 08, 2008
Tiempo
Tengo hambre, estoy inquieta. Me gustaría que esta hora pasara sin más. ¿Por qué insisto en usar relojes de manecillas si no sé leerlos? Cada vez son más comunes los que no tienen segundero. Yo más de una vez he creido que no sirven, que se han detenido. Los que alcanzo a escuchar estando lejos, allá en mi muñeca, me causan sentimientos encontrados: a veces me desquician con su repetición incesante, como de gotera en medio del silencio de la madrugada; a veces agradezco que den muestra de algo constante en este mundo.
Han pasado seis minutos y ninguno. Por más que lo busco, no encuentro el regalo de este instante. Escarbar en el aire es una estrategia equivocada, pero insisto para conservar algo de cordura. Mi estómago reclama. Hay vacíos más vulgares que llenar que el de tu ausencia. Seis minutos más para olvidar tu aroma, otros seis para desvanecer el recuerdo de tus manos en mi espalda. El jugueteo de tu boca me llevará doce. Lo merece. A este paso te habrás ido cuando el checador cambie y nos deje salir de este edificio, como el vómito de corbatas grises y zapatos de tacón alto que somos.
La pantalla parpadea. La hora, con animación 3D y segundos incluidos aparece justo en el momento en el que el dolor me dobla. Esta punzada en el centro del abdomen está unida al recuerdo de mi madre, que me prohibió el café hasta los 15 años. Su gesto de reprobación, compuesto por unos ojos satisfechos y una sonrisa condescendiente, hacen que me lleva la taza humeante de nueva cuenta a los labios. Reacomodo mentalmente los tres pares de números que rebotan suavemente en los bordes de mi monitor y no alcanzo a representar las veces en que he desobedecido por deporte, no por convicción.
Ahora todo está obscuro, detenido. Incluso ese gato que me despedaza las entrañas se encuentra inmóvil. Siento que mi cabeza hierve y quiere estallar. Esta fuerza crece, me estruja, me expande y va a matarme. Quisiera entrar a mi cerebro y aliviar la presión a cualquier costo, pero la escena, bajo luz mortecina, de un empleado mal pagado que trata de despegar mis sesos de una alfombra luida, me frena. Caigo en la cuenta de que ya no hay tiempo, se ha acabado. Me tranquiliza recordar que sin tiempo no hay movimiento y que sin movimiento mis sesos no irán a ensuciar ninguna parte. Consuelo insuficiente, la explosión se hace inminente con cada pensamiento. La razón me abofetea con desprecio, me planta, no contesta ni mis llamadas ni mis ruegos, mientras la locura me abre las piernas, untuosa, tibia, deseable. ¿Hacia dónde?, ¿hacia dónde?, ¿hacia dónde?, ¿hacia dónde?, ¿hacia dónde?, ¿hacia dónde?, ¿hacia dónde?
Alivio. El segundero avanza. Al fin.
Han pasado seis minutos y ninguno. Por más que lo busco, no encuentro el regalo de este instante. Escarbar en el aire es una estrategia equivocada, pero insisto para conservar algo de cordura. Mi estómago reclama. Hay vacíos más vulgares que llenar que el de tu ausencia. Seis minutos más para olvidar tu aroma, otros seis para desvanecer el recuerdo de tus manos en mi espalda. El jugueteo de tu boca me llevará doce. Lo merece. A este paso te habrás ido cuando el checador cambie y nos deje salir de este edificio, como el vómito de corbatas grises y zapatos de tacón alto que somos.
La pantalla parpadea. La hora, con animación 3D y segundos incluidos aparece justo en el momento en el que el dolor me dobla. Esta punzada en el centro del abdomen está unida al recuerdo de mi madre, que me prohibió el café hasta los 15 años. Su gesto de reprobación, compuesto por unos ojos satisfechos y una sonrisa condescendiente, hacen que me lleva la taza humeante de nueva cuenta a los labios. Reacomodo mentalmente los tres pares de números que rebotan suavemente en los bordes de mi monitor y no alcanzo a representar las veces en que he desobedecido por deporte, no por convicción.
Ahora todo está obscuro, detenido. Incluso ese gato que me despedaza las entrañas se encuentra inmóvil. Siento que mi cabeza hierve y quiere estallar. Esta fuerza crece, me estruja, me expande y va a matarme. Quisiera entrar a mi cerebro y aliviar la presión a cualquier costo, pero la escena, bajo luz mortecina, de un empleado mal pagado que trata de despegar mis sesos de una alfombra luida, me frena. Caigo en la cuenta de que ya no hay tiempo, se ha acabado. Me tranquiliza recordar que sin tiempo no hay movimiento y que sin movimiento mis sesos no irán a ensuciar ninguna parte. Consuelo insuficiente, la explosión se hace inminente con cada pensamiento. La razón me abofetea con desprecio, me planta, no contesta ni mis llamadas ni mis ruegos, mientras la locura me abre las piernas, untuosa, tibia, deseable. ¿Hacia dónde?, ¿hacia dónde?, ¿hacia dónde?, ¿hacia dónde?, ¿hacia dónde?, ¿hacia dónde?, ¿hacia dónde?
Alivio. El segundero avanza. Al fin.
lunes, julio 07, 2008
No puedo dormir
Ya sé que es muy temprano para una frase así, pero no puedo hacerlo. Es extraño si consideramos que anoche estaba cayéndome de sueño, que hoy ya estaba en la oficina a la hora a la que suelo levantarme, que no he tomado cafeína hace más de 24 horas y que considero el dormir uno de los placeres fundamentales de mi vida. Tampoco puedo leer, la tele ya no está en mi cuarto, la música me desespera y las opciones telefónicas están agotadas.
Sólo puedo dar vueltas y vueltas y vueltas y vueltas y vueltas y...
Sólo puedo dar vueltas y vueltas y vueltas y vueltas y vueltas y...
sábado, julio 05, 2008
Posesión
Hoy desperté del sueño que siempre deseé, que siempre temí. Al fin mi incosciente me llevó a la encrucijada entre realidad y fantasía y tomé una decisión. Ahora estoy cansada para relatarlo todo con detalle. Baste decir que me siento satisfecha conmigo misma; que la congruencia que siempre he buscado existe y es asequible para mí.
Larga vida a este feudo onírico que al fin siento mío.
Larga vida a este feudo onírico que al fin siento mío.
viernes, julio 04, 2008
Bici (update)
Para beneplácito de algunos lectores, mi golpe está verde. Ahora tiene al centro un gran punto rojo brillante que ha ido creciendo. Pero lo que realmente me llama la atención son un par de zonas amarillas que se sienten rígidas al tacto. Me sirven para la terapia ocupacional: me la paso picándolas cuando estoy en el chat o hablo por teléfono.
No obstante, hoy le bajé 15 minutos al tiempo que hice de mi casa a la oficina el viernes pasado.
Fotos hasta que averigüe dónde dejé la cámara.
No obstante, hoy le bajé 15 minutos al tiempo que hice de mi casa a la oficina el viernes pasado.
Fotos hasta que averigüe dónde dejé la cámara.
jueves, julio 03, 2008
Dopaje
Justo a mis 30 años y medio caigo en la cuenta de la necesidad de fuentes alternativas de energía, así que de desayuno me aventé uno de mis ya reconocidos cafecitos chocolateros y ando como rehilete desde hace horas. Ojalá el efecto se pase cuando necesite dormir y no me quede yo chiflando en la loma toda la noche.
miércoles, julio 02, 2008
lunes, junio 30, 2008
Mi nombre es peligro
Habrá quien opine que ser burócrata es la ocupación menos excitante que puede haber, pero yo me la juego todos los días. Cada mañana pienso que éste puede ser el día en que cumpla mi destino como conejito suicida.
A ver, ¿quién de ustedes arriesga tanto el pellejo como yo? ¿A ver, a ver?
domingo, junio 29, 2008
Bici
La tengo hace unos cuantos meses. En 30 años no sólo no había tenido una, no sabía cómo usarla. Me enseñaron con cariño y paciencia. El viernes fui y vine del trabajo con ella. Hoy recorría 28 km en dos horas y media.
Gracias.
Soy feliz.
Por cierto, me puse un madrazo...

Mañana va a tener un precioso color morado.
Gracias.
Soy feliz.
Por cierto, me puse un madrazo...
Mañana va a tener un precioso color morado.
domingo, junio 22, 2008
Dimisión
¿Y si nos dejamos de mentir? ¿Y si admitimos de una vez que somos simples, banales, estúpidos? ¿Qué es lo peor que podría pasarnos? Caer del pedestal de unicidad que nos hemos construido, pero ¿qué más da?
¿Es que no queremos ser felices como todos aquellos a quienes miramos por encima del hombro?
¿Es que no queremos ser felices como todos aquellos a quienes miramos por encima del hombro?
jueves, junio 19, 2008
Desmañanadas
Por segundo día consecutivo desperté tarde. Hice malabar y medio para llegar a tiempo a la oficina, y con estas lluvias no hablamos de una hazaña menor. El problema es que no he desayunado como acostumbro (cereal, fruta, jugo, tecito) ni he traido mi colación de media mañana (más fruta, emparedado de mermelada). Ayer me zampé un chocolatín y hoy tengo delante un café negro, ligeramente rebajado con un nutritivo chorro de leche descremada.
Mi gastritis me lo va a agradecer, mi estómago no.
Mi gastritis me lo va a agradecer, mi estómago no.
lunes, junio 16, 2008
Purgatorio
Y volví la vista hacia el vacío. Mis manos, cubiertas de llagas, ya no sostienen nada. Mis oídos se llenan de un zumbido constante y ruinoso. ¿Aún lates, corazón? Mis piernas se tambalean y, sin yo desearlo, avanzan. ¿A dónde ir, si ya nada tiene sentido? Diríase que soy un autómata, que mi cuerpo guarda más voluntad que yo misma.
Costumbres, sabores, recuerdos. Reacciones nerviosas, deseos ocultos, atavismos vergonzosos. Todo se entremezcla y se alza, pero al final soy nada. El exterior no hace contrapeso si dentro sólo hay un remolino de aire. Aquí todos flotamos sin guardar relación alguna.
Costumbres, sabores, recuerdos. Reacciones nerviosas, deseos ocultos, atavismos vergonzosos. Todo se entremezcla y se alza, pero al final soy nada. El exterior no hace contrapeso si dentro sólo hay un remolino de aire. Aquí todos flotamos sin guardar relación alguna.
domingo, junio 15, 2008
Lastre
Borren su lista de marcadores. Así, de trancazo. No hay cosa más simple, liberadora e inocua en estos días.
sábado, junio 14, 2008
Pequeñas economías
¿Se aficionaron a los carísimos cafés que venden ciertas cadenas transnacionales, pero buenamente se fundieron la quincena con don Daniel Cosío Villegas? ¿Acaso se mojaron cuando volvían a casa después de hacer la despensa y quieren beber algo rico y caliente sin tener que salir a la calle otra vez? No desesperen, que para todo hay solución.
Vacíen una taza de café cargado sobre al menos cuatro galletas emperador de chocolate (si están deprimidos, suban el mínimo a seis), revuelvan hasta desbaratarlas y rematen con media taza de leche tibia. Ñam.
Es perfecto para estar con Galeano, Joyce, Benedetti, Maalouf, Saramago, Pourchet o cualquier otro amigo que hayan decidido invitar a casa.
Salud.
Vacíen una taza de café cargado sobre al menos cuatro galletas emperador de chocolate (si están deprimidos, suban el mínimo a seis), revuelvan hasta desbaratarlas y rematen con media taza de leche tibia. Ñam.
Es perfecto para estar con Galeano, Joyce, Benedetti, Maalouf, Saramago, Pourchet o cualquier otro amigo que hayan decidido invitar a casa.
Salud.
jueves, junio 12, 2008
Bruxismo
Hace tiempo que tengo problemas para dormir. Mis neurosis me han llevado de temporadas en que me quedo dormida en cualquier rincón al estado actual de insomnio consuetudinario. No sé si como causa o consecuencia, en esta última temporada sufro la agravante de rechinar los dientes a un grado tal que mis incisivos tienen un acabado de sierrita en la parte inferior.
Hace algo de tiempo también, me recomendaron ponerme por las noches un protector bucal deportivo, como los que usan los jugadores de futbol americano, para poder dormir a gusto. Cuando le escuché semejante consejo a mi shrink le puse mi mejor cara de "¿y tu nieve, reina?" y me olvidé del asunto. Pero hace un par de semanas estuve durmiendo tan mal y descansando tan poco que decidí hacerle caso antes que caer presa de un arranque de desesperación que me orillara a preparme un té de hojas de lechuga en mitad de la noche.
Pese a su desagradable sabor chicle, el mentado protector resultó ser una maravilla. La primera noche lo usé mientras veía una película y no pude terminarla porque me caía de sueño. No sé cuál sea el truco, porque ni siquiera lo muerdo con fuerza estando despierta y me lo quito antes de quedarme dormida. Si acaso me despierto antes de tiempo, lo busco con los ojos cerrados, me lo pongo un rato otra vez y santo remedio. A veces ni alcanzo a quitármelo. Su efecto ya es tan inmediato que me quedo dormida más rápido que un pollito al que le quitan la luz.
Y lo mejor de todo es que recuerdo mis sueños cada mañana. Profusos, complejos y deliciosamente sensuales, mis sueños me hacen sonreír o llorar poniéndome un espejo delante. Mientras dejo la cama me convenzo que, si bien prefiero la realidad, mi inconciente es mi purgatorio, infierno y paraiso inmejorables. Rigor y fantasía que se funden cada noche ante mis ojos, en la punta de mis dedos, que me traspasa los sentidos y me hurga por dentro, soñar se ha vuelto un vicio del que no pienso escapar.
Hoy creo que si me dieran a elegir cambiar mi vida por la de algo más, eligiría ser un modesto caballo de tiro. Con el freno en la boca y los ojos cubiertos, caminando como autómata, pero soñando, soñando y soñando...
Hace algo de tiempo también, me recomendaron ponerme por las noches un protector bucal deportivo, como los que usan los jugadores de futbol americano, para poder dormir a gusto. Cuando le escuché semejante consejo a mi shrink le puse mi mejor cara de "¿y tu nieve, reina?" y me olvidé del asunto. Pero hace un par de semanas estuve durmiendo tan mal y descansando tan poco que decidí hacerle caso antes que caer presa de un arranque de desesperación que me orillara a preparme un té de hojas de lechuga en mitad de la noche.
Pese a su desagradable sabor chicle, el mentado protector resultó ser una maravilla. La primera noche lo usé mientras veía una película y no pude terminarla porque me caía de sueño. No sé cuál sea el truco, porque ni siquiera lo muerdo con fuerza estando despierta y me lo quito antes de quedarme dormida. Si acaso me despierto antes de tiempo, lo busco con los ojos cerrados, me lo pongo un rato otra vez y santo remedio. A veces ni alcanzo a quitármelo. Su efecto ya es tan inmediato que me quedo dormida más rápido que un pollito al que le quitan la luz.
Y lo mejor de todo es que recuerdo mis sueños cada mañana. Profusos, complejos y deliciosamente sensuales, mis sueños me hacen sonreír o llorar poniéndome un espejo delante. Mientras dejo la cama me convenzo que, si bien prefiero la realidad, mi inconciente es mi purgatorio, infierno y paraiso inmejorables. Rigor y fantasía que se funden cada noche ante mis ojos, en la punta de mis dedos, que me traspasa los sentidos y me hurga por dentro, soñar se ha vuelto un vicio del que no pienso escapar.
Hoy creo que si me dieran a elegir cambiar mi vida por la de algo más, eligiría ser un modesto caballo de tiro. Con el freno en la boca y los ojos cubiertos, caminando como autómata, pero soñando, soñando y soñando...
miércoles, junio 11, 2008
Nude
¿Qué se pierde cuándo el amor ya no duele? ¿Qué, cuándo los sueños se cumplen?
¿Qué soy ahora que me tienes sin lágrimas?
¿Quién eres tú que hoy sonríes?
¿Qué soy ahora que me tienes sin lágrimas?
¿Quién eres tú que hoy sonríes?
martes, junio 10, 2008
Esta mañana
Hoy quise salir a la calle sin pensar en otra cosa que no fuera el olor a tierra mojada. Para mi sorpresa encontré en la puerta un ramo de mis flores preferidas. Giré la pequeña tarjeta con mi nombre y encontré una sola frase escrita en letra de imprenta: "Lo siento".
No puedo imaginar quién es el remitente, pero tengo la certeza de que no se disculpa por ofensas pasadas, sino por dolores futuros.
No puedo imaginar quién es el remitente, pero tengo la certeza de que no se disculpa por ofensas pasadas, sino por dolores futuros.
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