miércoles, marzo 21, 2007

Un domingo

Te despiertas temprano el domingo en la mañana. Estás inquieto, no puedes dormir más. Te sientas en la cama tratando de recordar lo que estabas soñando. Una pesadilla, quizá. Miras a tu alrededor y te sientes solo. Sales de la cama en silencio y, aún aturdido, te asomas a la ventana. Escudriñas el cielo con desgano. Está un poco nublado hoy. Miras la calle desierta y al poco escuchas el sonido lento y rítmico de unos tacones. Apenas puedes creerlo. Es ella. Ella está caminando allá abajo, con el paso ligero, el cabello suelto y ese abrigo negro que nunca te gustó. Tu corazón late con fuerza mientras la miras fumar con ese aire impaciente de siempre. Sientes como el calor sube a tus mejillas y sin pensarlo más te lanzas escaleras abajo. Corres con desesperación. Buscas las llaves ansioso, las manos te tiemblan. Te maldices mientras las dejas caer, pensando, calculando donde estará. Abres la puerta creyendo que la encontrarás frente a ti, pero la calle está desierta. Ahí no hay nadie.

Decepcionado miras al viento mover las hojas. Caminas a la esquina, ya sin ilusiones. Te sientes ridículo, burlado como un chiquillo. ¿A dónde pudo haber ido? Regresas a casa con paso sigiloso. Tienes miedo de haber despertado a alguien. No quieres contestar preguntas. No puedes. ¿Qué vas a decir? Te sientas en la cocina sin hacer ruido. En la cabeza te da vueltas su recuerdo. Después de tanto tiempo aún sientes el aroma de su cuello. Te basta cerrar los ojos para recorrer la línea de su espalda. Sus labios frescos están frente a ti. Pero, por más que intentas, no puedes recordar su sonrisa.

¿Y si la hubieras alcanzado? ¿La habrías abrazado, besado? ¿Qué le habrías dicho? ¿Podrías hoy sostenerle la mirada? Todo ocurrió tan de prisa que ni siquiera pensaste en ello. Tu emoción al verla lo dominó todo. De pronto sientes dolor. ¿Elegiste lo mejor? Hacía tiempo que habías logrado olvidar esa pregunta que nunca quisiste contestar. Sientes remordimiento y pena por ti, por los sueños que tú mismo truncaste. ¿Por qué lo hiciste?, ¿por miedo? No quieres pensar más. Las lágrimas asoman a tus ojos. Mecánicamente te dices que eres un hombre responsable que sabe afrontar sus compromisos. Te lo repites una y otra vez mientras recuerdas lo feliz que fuiste a su lado.

El día avanza y ella lo llena todo. Su imagen te mantiene ensimismado mientras el domingo transcurre lenta y rutinariamente. Fantaseas con la idea de que haya venido a buscarte, de que haya caminado estas calles con la esperanza de verte. Sabes que no es cierto, pero no quieres que nada interrumpa tu ensoñación. Cuando te preguntan qué te pasa, respondes con un ademán o con un gruñido. Tú no estás ahí. Vas de un lado a otro haciendo las faenas de la casa, la compra de los víveres, la vuelta al parque con los niños como un autómata, feliz por una vez porque acaricias su recuerdo. Nada más te importa. No tienes nada más.

Es lunes y llegas tarde a la oficina. Atraviesas una hilera interminable de escritorios hasta llegar al tuyo. Divertido, sacas del cajón bajo llave un trozo de papel azul con tres pequeños asteriscos en tinta negra, único recuerdo tangible que has podido conservar. Lo juegas entre las manos mientras contestas sonriente el teléfono y una voz que hace mucho no escuchabas te dice:

- Está muerta. Desde este domingo en la mañana.

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Como te dije alguna vez, querida amiga, me gusta mucho como escribes. El tema del hubiera siempre me ha gustado e incluso he escrito un par de cuentos al respecto. Algún día me animaré a publicarlos.

¡Un abrazo!

Grimalkin dijo...

Esta historia la esbocé en Oruro, Bol. hace más de un mes. Creo que es la narración que más me he tardado en concretar.

Me alegra que te guste.
Un beso hasta la primaveral Manchester.

Anónimo dijo...

¡Hola! Ya no había pasado por aquí, y Lo siento! ¡A mi también me encanta como escribes! Siempre me dejas asombrada y reflexionando...
El otro día, una amiga llegó de rebote a tu blog, y posteriormente me comentó que escribías de manera magistral y que no se explicaba que hubieras estudiado Matemáticas. Yo le respondí que pienso que lo que haces en ese campo lo haces aún mejor. Y ella (al no ser muy buena en matemáticas) se quedó boquiabierta.

Un besote de finales del mes más bello =P

Grimalkin dijo...

Grace:

Mil gracias por los comentarios. Me alegrarán el resto de la semana.

Y mil disculpas por no haber celebrado contigo la razón por la que marzo es un mes tan especial.

Besos