Hitler es el ejemplo más trillado acerca del destino. Su sino era vivir como un modesto decorador de interiores, su fatalidad es conocida por todos. Ya muchos habrán hablado acerca de todo esto. Yo solo quiero hacer notar que este ejemplo también apunta hacia una verdad insoslayable: El sino no tiene porqué ser grandilocuente. Podemos estarlo viviendo en un día cualquiera, yendo al trabajo de siempre, estudiando para un examen, comprando comida para llevar a casa. Quizá esas cosas simples sean la mejor expresión de nosotros mismos, quizá sólo eso sea lo que estamos llamados a ser. Quizá la única razón por la que estamos aquí sea para asegurar que el mundo gire, impasible, imperturbable, para que así todos podamos ver el sol a la mañana siguiente. Quizá a nosotros nos corresponda olvidarnos de nuestras ilusiones juveniles, de nuestros sueños de grandeza, de esas frases ya ni siquiera amargas que empiezan con un “yo quería ser...”.
¿Cómo saber si estamos en el camino correcto? ¿Cuándo debemos dejar de esforzarnos, de tratar? ¿Cuándo podemos decir “Sí, esto es lo mejor que yo puedo ser”? Yo creo que no hay manera. Ni la satisfacción ni la alegría me parecen una señal definitiva de que hemos acertado. Dormir tranquilos tampoco indica nada. A veces el dolor, la soledad o la angustia podrían estarnos diciendo que lo hacemos mejor. No tener todo lo que deseamos también puede ser una señal de que estamos cerca. Quién sabe.
Entonces, ¿qué hacer? ¿Nada? Se me ocurre una cosa: Vivir cada cosa que nos toca. Reir hasta que la cabeza duela, llorar hasta que nuestros ojos se sequen, abrazar si se tienen ganas, sentir rabia hasta que todo se vea negro, lamentarse, dolerse, caer y cuando todo pase levantarnos de nuevo y seguir. Pero sobre todo, sobre todo, amar hasta quedarnos vacíos.
Por lo menos eso voy a hacer yo.
viernes, junio 15, 2007
miércoles, junio 13, 2007
lunes, junio 11, 2007
Cuzco II
Después de la genial visita a Macchu Picchu y el emocionante partido del Cienciano quedaba mucho por ver en los alrededores de Cuzco. El 24 de diciembre fue un día bastante movido. Primero fuimos al mercado de Pisac. Las artesanías de ahí son excelentes, pero disfruté más la parte común del mercado donde la gente del pueblo estaba haciendo sus compras para la cena de esa noche. Después fuimos a las ruinas de Ollantaytambo y por último pasamos a visitar la iglesia de un pequeño poblado. En el inter comimos en un bufet de comida típica peruana. Me gustó el ceviche aunque el cuy no tanto. Mi plato favorito y por mucho fue el carpaccio de llama. Carne suave, roja, con apenas un poco de aceite. Excelente. El sabor de las cosas comunes (arroz, verduras, pan, alubias) era muy distinto a lo que yo esperaba. Su aspecto no era diferente de lo que hubiera podido ver aquí en casa, pero su sazón les daba una nota singular.
Ese día cené con unas amigas venezolanas que conocí en el camino y la pasamos bien. Después yo estuve deambulando por la Plaza de Armas, pensando en lo que mi familia, mis amigos y la gente que yo conocía estarían haciendo y en lo lejos que yo estaba de todo eso, hasta que el frío me obligó a guarecerme. A esas horas de la madrugada la gente ya estaba haciendo fogatas con la basura que la vendimia de Nochebuena había dejado en las calles. Me acerqué a algunas de ellas mientras caminaba hacia el hotel, pero el fuego no me dió ninguna sensación de calor.
A la mañana siguiente la ciudad parecía desierta. Todo el bullicio y la exitación de la noche anterior habían desaparecido. Caminé por calles dormidas hasta bien entrada la tarde y después no hallé qué más hacer en ese, mi último día en Perú.
Pero, por favor, vean las imágenes.
Ese día cené con unas amigas venezolanas que conocí en el camino y la pasamos bien. Después yo estuve deambulando por la Plaza de Armas, pensando en lo que mi familia, mis amigos y la gente que yo conocía estarían haciendo y en lo lejos que yo estaba de todo eso, hasta que el frío me obligó a guarecerme. A esas horas de la madrugada la gente ya estaba haciendo fogatas con la basura que la vendimia de Nochebuena había dejado en las calles. Me acerqué a algunas de ellas mientras caminaba hacia el hotel, pero el fuego no me dió ninguna sensación de calor.
A la mañana siguiente la ciudad parecía desierta. Todo el bullicio y la exitación de la noche anterior habían desaparecido. Caminé por calles dormidas hasta bien entrada la tarde y después no hallé qué más hacer en ese, mi último día en Perú.
Pero, por favor, vean las imágenes.
domingo, junio 10, 2007
Nunca me había subido a una moto
Y con lo puntual que es este chico, parece que no lo voy a volver a hacer.
miércoles, junio 06, 2007
Quién lo dijera...
Si me dejo guiar por el buen tino de los vendedores ambulantes, hoy es día de las mulitas. En la secundaria tuve un novio (el primero) al que le decían así, mula. No porque fuera mala persona, sino por su bien marcada barbilla. Ese noviazgo tuvo de todo: celos, romance, intriga y dramas al por mayor. Pese a que sólo duró una semana sus repercusiones me siguieron por años.
Pero vamos por partes. Al chico en cuestión me lo presentó mi mejor amiga de ese entonces y por un tiempo jalábamos para todos lados mi amiga, su amigo, él y yo. A ella siempre le daba mucho gusto verlo, pero decía que sólo era porque se conocían desde niños aunque yo siempre creí que al que le daba gusto ver era al amigo. Así que cuando él me pidió que fuéramos novios (nunca he vuelto a ver a nadie con semejante sonrojo en toda mi vida) no vi ningún problema en aceptar. Era muy lindo conmigo. Iba a buscarme al taller de dibujo para ayudarme con mis cosas, me invitaba golosinas en el receso, me acompañaba a tomar la combi. Uno de esos días (no sé cuál, sólo recuerdo que yo iba de shorts porque había tenido Educación Física), cuando nos estábamos despidiendo, lo noté más sonriente de lo normal. Se me quedó mirando y luego, sorpresivamente, me plantó un beso en la mejilla y se echó a correr. Al otro día me regaló un casete con varias canciones de los Beatles. Todo era perfecto hasta que llegó el fin de semana, la separación me zafó un tornillo y lo corté por teléfono. Hizo el drama de nuestras vidas, me pidió explicaciones que no pude darle y hasta su hermana me reclamó por lo mala onda que me vi. Pero ni así cambié de opinión. Ni modo.
Tan imersa había estado yo en mi fugaz idilio que no me había dado cuenta que mi amiga me veía con ojos de pistola, porque mi ahora ex-novio era el verdadero objeto de su afecto. Se puso feliz en cuanto supo de nuestro rompimiento y corrió a ofrecerle consuelo, pero se dio en la pared porque mi ex andaba tan enojado que no quería saber nada de nadie. Eso la enojó más y de plano dejó de hablarme. Esperó un tiempo y volvió a intentarlo, pero él siguió sin hacerle caso. Eso la enfureció completamente y empezó a hacer labor en mi contra: ley del hielo. Yo de por sí no hablaba con muchas mujeres en mi salón, casi solo con hombres, y mi ahora también ex-amiga al revés. No obstante su poca influencia con el sexo masculino (y no lo digo por su nulo éxito con mi ex-novio), utilizó una estrategia que hasta la fecha no deja de impresionarme por su precocidad. Ubicó a las novias de mis amigos, se las echó a la bolsa y a través de ellas consiguió que ellos dejaran de hablarme. Todo este relajo (conocer a mi ex, andar con él, cortarlo y demás) había empezado con el año escolar; para Día de Muertos no conseguí que ningún equipo me aceptara para la representación de Don Juan Tenorio de la clase de español, sin contar con que en laboratorio tenía que aventarme los experimentos yo sola y que en los partidos de voleibol mi equipo siempre perdía porque mis compañeras dirigían todos los saques a mi espalda. Así me llevé todo el segundo año de la secundaria...
Imagino que mi ex-amiga estaba feliz con los resultados obtenidos. En efecto, nadie en mi salón me hablaba. Tan feliz debe haber estado que ni le dolió que mi ex se consiguiera otra novia; hasta eran las mejores amigas. Lo inesperado de todo el asunto fue que al año siguiente, cuando me presenté para dirigir la sociedad de alumnos, gané por aplastante mayoría (94% de los votos a mi favor) porque yo me había puesto a hablar con gente de otros salones, hombres y mujeres de todos los grados. Y por si fuera poco, en aquel entonces yo andaba con un chico guapísimo de bachilleres que había conocido el año anterior cuando él todavía estaba en tercero. Y sí, las consecuencias de todo eso me siguieron por años, porque todavía en la preparatoria estuve con muchos de los amigos que hice en aquel entonces.
Pero vamos por partes. Al chico en cuestión me lo presentó mi mejor amiga de ese entonces y por un tiempo jalábamos para todos lados mi amiga, su amigo, él y yo. A ella siempre le daba mucho gusto verlo, pero decía que sólo era porque se conocían desde niños aunque yo siempre creí que al que le daba gusto ver era al amigo. Así que cuando él me pidió que fuéramos novios (nunca he vuelto a ver a nadie con semejante sonrojo en toda mi vida) no vi ningún problema en aceptar. Era muy lindo conmigo. Iba a buscarme al taller de dibujo para ayudarme con mis cosas, me invitaba golosinas en el receso, me acompañaba a tomar la combi. Uno de esos días (no sé cuál, sólo recuerdo que yo iba de shorts porque había tenido Educación Física), cuando nos estábamos despidiendo, lo noté más sonriente de lo normal. Se me quedó mirando y luego, sorpresivamente, me plantó un beso en la mejilla y se echó a correr. Al otro día me regaló un casete con varias canciones de los Beatles. Todo era perfecto hasta que llegó el fin de semana, la separación me zafó un tornillo y lo corté por teléfono. Hizo el drama de nuestras vidas, me pidió explicaciones que no pude darle y hasta su hermana me reclamó por lo mala onda que me vi. Pero ni así cambié de opinión. Ni modo.
Tan imersa había estado yo en mi fugaz idilio que no me había dado cuenta que mi amiga me veía con ojos de pistola, porque mi ahora ex-novio era el verdadero objeto de su afecto. Se puso feliz en cuanto supo de nuestro rompimiento y corrió a ofrecerle consuelo, pero se dio en la pared porque mi ex andaba tan enojado que no quería saber nada de nadie. Eso la enojó más y de plano dejó de hablarme. Esperó un tiempo y volvió a intentarlo, pero él siguió sin hacerle caso. Eso la enfureció completamente y empezó a hacer labor en mi contra: ley del hielo. Yo de por sí no hablaba con muchas mujeres en mi salón, casi solo con hombres, y mi ahora también ex-amiga al revés. No obstante su poca influencia con el sexo masculino (y no lo digo por su nulo éxito con mi ex-novio), utilizó una estrategia que hasta la fecha no deja de impresionarme por su precocidad. Ubicó a las novias de mis amigos, se las echó a la bolsa y a través de ellas consiguió que ellos dejaran de hablarme. Todo este relajo (conocer a mi ex, andar con él, cortarlo y demás) había empezado con el año escolar; para Día de Muertos no conseguí que ningún equipo me aceptara para la representación de Don Juan Tenorio de la clase de español, sin contar con que en laboratorio tenía que aventarme los experimentos yo sola y que en los partidos de voleibol mi equipo siempre perdía porque mis compañeras dirigían todos los saques a mi espalda. Así me llevé todo el segundo año de la secundaria...
Imagino que mi ex-amiga estaba feliz con los resultados obtenidos. En efecto, nadie en mi salón me hablaba. Tan feliz debe haber estado que ni le dolió que mi ex se consiguiera otra novia; hasta eran las mejores amigas. Lo inesperado de todo el asunto fue que al año siguiente, cuando me presenté para dirigir la sociedad de alumnos, gané por aplastante mayoría (94% de los votos a mi favor) porque yo me había puesto a hablar con gente de otros salones, hombres y mujeres de todos los grados. Y por si fuera poco, en aquel entonces yo andaba con un chico guapísimo de bachilleres que había conocido el año anterior cuando él todavía estaba en tercero. Y sí, las consecuencias de todo eso me siguieron por años, porque todavía en la preparatoria estuve con muchos de los amigos que hice en aquel entonces.
martes, junio 05, 2007
Macch Picchu
El 23 de diciembre visité la ciudadela sagrada de Macchu Picchu, lugar de gran valor estratégico para el imperio inca donde concentraban y esparcían su filosofía y su cultura. Albergaba sacerdotes, científicos y futuros regentes. Los descendientes de las familias reales sojuzgadas eran llevadas ahí para ser adoctrinados con el fin de que al volver a sus sitios de origen gobernaran con un espíritu apegado al imperio. Tal era su valor que durante la Conquista , los incas comprometieron la huida de la familia real y del grueso del ejército llevándolos por lugares que los hacían más vulnerables a los españoles con el fin de alejarse de la ciudad y no revelar la ubicación de Macchu Picchu.
Mi visita fue estúpidamente corta, pero no me quejo. Entre el recorrido en tren, los desórdenes administrativos y la aglomeración general, debo haber estado dentro de la ciudad unas cuatro horas en total. Suficiente para quedar maravillado, bastante para atesorar en la memoria. No verán muchas fotografías porque a mitad del recorrido me quedé sin pila; hecho que agradecí desde ese mismo día porque pude apreciar el resto con mayor atención.
Mi visita fue estúpidamente corta, pero no me quejo. Entre el recorrido en tren, los desórdenes administrativos y la aglomeración general, debo haber estado dentro de la ciudad unas cuatro horas en total. Suficiente para quedar maravillado, bastante para atesorar en la memoria. No verán muchas fotografías porque a mitad del recorrido me quedé sin pila; hecho que agradecí desde ese mismo día porque pude apreciar el resto con mayor atención.
sábado, junio 02, 2007
Estoy desvelada
Recién ayer nos vimos las caras de otra forma, como adultos quizá (¿?). En nuestro encuentro anterior tuvimos un indicio, pero la gran diferencia es que aquel fue obra de la casualidad, un poco por no dejar pasar la ocasión; mientras que lo de anoche fue planeado por nosotros mismos. (Eso de planeado es un eufemismo, porque demasiadas cosas no salieron como hubiéramos querido, precisamente por no haber pensado en ellas.)
A todos los conozco desde que nacieron, gajes de ser la mayor. Con ellas pasé muchísimos de mis veranos de infancia, jugando, cambiándonos ropa, hablando hasta por los codos. A ellos los cuidé cuando sus padres no estaban, les lavé las heridas, les bajé los berrinches. Con el tiempo las cosas necesariamente cambiaron y nos vimos menos; porque ya no siempre acompañábamos a nuestros padres, por ejemplo.
Es tan extraño descubrirnos ahora con pensamientos, manías y planes tan distintos a los de nuestra niñez. Ahora todos trabajamos, tenemos vicios, relaciones de pareja, preocupaciones monetarias. Es extraño notar todo eso de repente, pero eso se debe a que por nuestra relación no había pasado el tiempo. Cierto es que no habíamos dejado de querernos, pero un cariño puede llegar a implicar muy poco si no se le fomenta activamente y si no se hace algo por saber quién es el otro. Por lo pronto ya dimos el primer paso para alejarnos de la inercia meramente familiar y acercarnos verdaderamente. Es bueno haber empezado con algo de baile y vodka. Veremos que se nos ocurre a mis primos y a mí para la siguiente ocasión.
A todos los conozco desde que nacieron, gajes de ser la mayor. Con ellas pasé muchísimos de mis veranos de infancia, jugando, cambiándonos ropa, hablando hasta por los codos. A ellos los cuidé cuando sus padres no estaban, les lavé las heridas, les bajé los berrinches. Con el tiempo las cosas necesariamente cambiaron y nos vimos menos; porque ya no siempre acompañábamos a nuestros padres, por ejemplo.
Es tan extraño descubrirnos ahora con pensamientos, manías y planes tan distintos a los de nuestra niñez. Ahora todos trabajamos, tenemos vicios, relaciones de pareja, preocupaciones monetarias. Es extraño notar todo eso de repente, pero eso se debe a que por nuestra relación no había pasado el tiempo. Cierto es que no habíamos dejado de querernos, pero un cariño puede llegar a implicar muy poco si no se le fomenta activamente y si no se hace algo por saber quién es el otro. Por lo pronto ya dimos el primer paso para alejarnos de la inercia meramente familiar y acercarnos verdaderamente. Es bueno haber empezado con algo de baile y vodka. Veremos que se nos ocurre a mis primos y a mí para la siguiente ocasión.
jueves, mayo 31, 2007
Nobody can argue with me
Eran las 4:30 cuando llegué a la Puerta de los Leones. La luz era un poco molesta, demasiado brillante. Nada se arregla más fácil: echas a caminar por el camellón de Reforma y dejas que los árboles hagan su trabajo. Hay poca gente a estas horas, el tráfico se ve fluido. No tengo prisa, puedo disfrutar cada paso. Recuerdo una fotografía que vi el domingo, tomada en 1931. Un grupo de policías forma figuras geométricas sobre Paseo de la Reforma. La toma está hecha desde una altura respetable. El Castillo está al fondo y hay una pequeñísima palmera detrás de ellos. La imagen es impresionante: hay muchísimos lotes vacíos en el paseo, sólo algunas casas imponentes y el cielo es clarísimo, indistinguible. Supongo que la fotografía fue tomada desde el Ángel. Si eso es cierto, la palma estaba entonces donde ahora está la Diana. Suena extraño, pero la estatua de Cuauhtemoc no tiene una altuar comparable. Así que mi explicación suena plausible. ¿Cómo era todo esto hace 75 años? Hoy que camino por aquí puedo pensar en ello.
Pensar, pensar en lo que yo quiera. Pensar con calma, detenerme un poco. Tener una idea y poder rastrearla, seguirla por diversión, como un ejercicio lúdico. Expandir mis ideas, saborearlas y caminar con ellas. Por ésto lo hice, por 20 minutos como los de hoy me fui a volar.
Pensar, pensar en lo que yo quiera. Pensar con calma, detenerme un poco. Tener una idea y poder rastrearla, seguirla por diversión, como un ejercicio lúdico. Expandir mis ideas, saborearlas y caminar con ellas. Por ésto lo hice, por 20 minutos como los de hoy me fui a volar.
martes, mayo 29, 2007
Cuzco I
La ciudad de Cuzco es hermosa por donde quiera que se la vea. Sus calles son amplias y la lluvia pertinaz les da un lustre inigualable. Pronto aprendí a andar por el centro, entre las iglesias, las plazas, la estación de trenes. Me gustaba ir de arriba a abajo una y otra vez. Acompañaba mis caminatas nocturnas con un anticucho de res (brocheta de carne asada rematada con una pequeña papa, toda aderezada con una salsa verde nada picosa) que me compraba en la esquina de Márquez y Estrella, cerca de la Plaza de San Francisco y que me costaba un sol. Solía quedarme un rato junto a las brasas para entrar un poco en calor.
Vean un poco de lo que hay en Cuzco y sus alrededores.
Vean un poco de lo que hay en Cuzco y sus alrededores.
lunes, mayo 28, 2007
Rumbo a Perú
En mi viaje había cuatro puntos obligados: Macchu Picchu, las Cataratas de Iguazú, Buenos Aires y Ushuaia. Me moría de ansiedad por visitar las ruinas incas, sobre todo sabiendo lo cerca que están de Bolivia, así que organicé mi salida hacia Perú tan pronto como pude. Por primera y única vez durante la travesía contraté los servicios de una agencia de viajes y el 20 de diciembre por la mañana ya estaba camino a la ciudad de Cuzco.
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