Hace un rato contesté el Inventario Multifásico de Personalidad de Minnesota. Clasificar casi 600 enunciados como verdaderos o falsos puede ser un poco cansado, pero alguien tiene que hacerlo.
Noté cambios positivos en casi todas las áreas respecto a las que recuerdo fueron mis respuestas hace como tres años. Lo único que parece haber empeorado es mi concentración, qué cómo me hace falta en este momento.
viernes, octubre 19, 2007
miércoles, octubre 17, 2007
Caidas
Cuando eres pequeño y estás aprendiendo a caminar te caes muy a menudo. Las primeras veces lloras, más por la perplejidad que por el dolor. Nunca caes desde muy alto. Te acostumbras rápidamente y con el tiempo no te ocurre más. Luego, cuando niño, te caes por intentar subir a un árbol, por correr detrás de una pelota, por llegar a la base antes que nadie. Tus caidas tienen sentido. No lloras a menos que sea estrictamente necesario y miras tus rodillas raspadas con orgullo.
Después, cuando eres adolescente ya no te mueves tanto, pero sufres caidas de otro tipo. Amorosas principalmente. Y el proceso es muy similar: primero son cosas pequeñas que olvidas casi de inmediato mientras aprendes algunas habilidades básicas. Más tarde puedes sufrir grandes dolores si vas en pos de las grandes cosas que deseas. En el final de esa etapa se reconoce la misma inmovilidad, pero ahora de sentimientos. Ya no nos precipitamos, nos volvemos cautos y a veces hasta desconfiados. Pero nunca estamos a salvo.
Consideré todo esto ayer que me caí. Entre el desconcierto, la vergüenza y el dolor me quedé un buen rato tirada en el piso, sollozando apenas. En mi cabeza seguía escuchando el ruido que hicieron los platos al caer y me reproché mil veces haber jalado el mantel de la mesa en mi torpe intento por detenerme. No supe qué me hizo padecer más, si mi pobre cuerpo adolorido o que ya no estés aquí para consolarme por estas tonterías.
Después, cuando eres adolescente ya no te mueves tanto, pero sufres caidas de otro tipo. Amorosas principalmente. Y el proceso es muy similar: primero son cosas pequeñas que olvidas casi de inmediato mientras aprendes algunas habilidades básicas. Más tarde puedes sufrir grandes dolores si vas en pos de las grandes cosas que deseas. En el final de esa etapa se reconoce la misma inmovilidad, pero ahora de sentimientos. Ya no nos precipitamos, nos volvemos cautos y a veces hasta desconfiados. Pero nunca estamos a salvo.
Consideré todo esto ayer que me caí. Entre el desconcierto, la vergüenza y el dolor me quedé un buen rato tirada en el piso, sollozando apenas. En mi cabeza seguía escuchando el ruido que hicieron los platos al caer y me reproché mil veces haber jalado el mantel de la mesa en mi torpe intento por detenerme. No supe qué me hizo padecer más, si mi pobre cuerpo adolorido o que ya no estés aquí para consolarme por estas tonterías.
martes, octubre 16, 2007
Tesina. Día...
de que me corten la cabeza, porque seguro ya me pasé. Ni siquiera me atrevo a ver el calendario. No he avanzado nada, desde hace días estoy con las mismas 10 páginas.
En lo alto veo una guillotina brillando al sol.
P.D. Me fue bien en mi examen de francés y en mi entrevista de trabajo de hoy. Apúntenmelos como atenuantes, ¿no?
En lo alto veo una guillotina brillando al sol.
P.D. Me fue bien en mi examen de francés y en mi entrevista de trabajo de hoy. Apúntenmelos como atenuantes, ¿no?
lunes, octubre 15, 2007
Valió la pena
El viernes, por una vez, llegué a tiempo al CCU. Qué digo a tiempo, con una hora de anticipación. El edificio del IIMAS donde (a veces) trabajo lleva 3 días con sólo electricidad de respaldo, como le dicen los vigilantes. Esto quiere decir que las computadoras funcionan pero las lámparas no. Eso a mí me valió sombrilla, mientras la máquina jalara yo no tenía problemas. Sin embargo, a eso de las 7 la luz natural casi había desaparecido. Caí en la cuenta que hacía un rato no veía a nadie por el laboratorio de cómputo y que el último en aparecerse por ahí fue un compañero al que, según mis amigas, le rompí el corazón el semestre pasado, que se pasó no sé cuánto tiempo mirándome desde la ventana sin que yo me diera cuenta. Si a eso le añadimos que ya he tenido que llamar a Auxilio UNAM en mi rescate porque los vigilantes cierran el edificio sin fijarse si alguien se quedó adentro entenderán porqué suspendí las labores propias de mi tesina (¡qué descaro el mío!) y me fui a la Sala Nezahualcóyotl temprano.
El concierto estaba programado para las 8:30 y yo ya había tomado asiento como 45 minutos antes. Me moría de sueño y le rogaba a todos los dioses que la espera valiera la pena. Yo sólo estaba allí por curiosa y necia, nada más. Hacía meses que había visto anunciado un concierto de armónica, me llamó la atención, hice la nota mental de ir y punto. El viernes fue de planes infructuosos y proyectos fallidos, así que me aferré a que al menos una cosa me saliera como lo había planeado. De lo contrario me hubiera ido temprano a casa, estaba rendida después de andar dando vueltas por toda Ciudad Universitaria.
No tenía idea qué clase de piezas iban a tocarse y tampoco presté atención al acompañamiento. Como les dije, solo presté atención a la parte que decía armónica. Mientras entraba a la sala consideré que podría tratarse de una orquesta tocando piezas clásicas a las que se les añadirían solos con dicho instrumento. Pero no, en el escenario había únicamente un piano y dos atriles. Faltaba más de media hora para que se resolviera el misterio.
Cuando vi a Toots Thielemans me di cuenta que le aceptaría cualquier cosa. Apenas pisó el escenario se guardó mi corazón en el bolsillo. Su andar era lento y un poco tambaleante. Se le calculan fácilmente más de 80 años. Sin embargo su sonrisa y sencillez eran inmensas. De lejos se notaba su alegría. La mirada expectante con que recorría la sala era igual a la de un niño entrando en una juguetería. La forma en que saludaba al público con la mano era una delicia.Lo último que se podría decir de él es que es un viejo. Sin embargo tuvo que apoyarse en Kenny Werner, el tecladista, para llegar a su lugar, mientras Óscar Castro-Neves, guitarra en mano, parecía darle ánimos. Fue penoso ver los esfuerzos que hizo para subir a la silla, demasiado alta, dispuesta para él. Después de un rato sus piernas quedaron colgando, sin apoyo alguno. Sin inmutarse sacó su armónica del bolsillo y comenzó a tocar encantadoramente. La imagen era perfecta, parecía un chiquillo sentado al borde de un río matando el tiempo en una tarde calurosa.
El trío improvisó jazz y tocó bossa nova, principalmente. Yo me sorprendí de hallarme tan complacida con géneros que rara vez disfruto y que nunca busco por mi cuenta. Lamento poder decir muy poco acerca de lo que escuché. Como dije, el tipo de música no me era muy familiar y fue la primera vez que escuché más de una pieza con armónica, así que me es difícil transmitir mis impresiones a otros. Sólo puedo decirles que nunca me había divertido tanto con los sabores de una improvisación. Las del viernes eran juguetonas, relajadas, completamente lúdicas. Nadie se preocupaba por el virtuosismo, pese a que se necesita mucho para lograr interpretaciones tan logradas. Thielemans hacía ligeras indicaciones para diltar la duración de algunas partes que le gustaban particularmente. Salvo eso, parecía que el ir y venir entre el piano y la armónica era natural, como fijo de antemano y al mismo tiempo tan flexible. La guitarra estaba francamente perdida las más de las veces porque el micrófono correspondiente tenía muy poco volumen.
Toda la primera parte estuve pensando si lo que escuchaba eran varias piezas o una sola con varios moviemientos, así de integrado era su estilo que nunca me pareció repetitivo o cansino. En la segunda parte tocaron algunas cosas que en su momento cantó Sinatra, "What a wonderful world" de Armstrong y la primera canción bossa nova que fue grabada hace casi 50 años. (Ese día no entendí el título, pero la red apunta hacia "Cega de Saudade". Sin embargo no he podido corroborar que su autor la haya traducido al inglés y ese es el único otro dato que tengo.)
La sala estaba abarrotada. Los boletos para los primeros pisos estaban agotados de hacía tiempo y en el último había gente sentada en las escaleras o de pie en los pasillos. El público respondía a las caras ocurrentes de Thielemans y guardaba un silencio inmediato ante sus palabras. Las ovaciones de pie no se hicieron esperar y, cosa rara, no me parecieron desproporcionadas.
Fue un concierto bastante bueno y largo. Eran las 10:30 cuando dejamos la sala y me tomó una hora larga llegar a casa. Estaba rendida, pero disfruté mucho desvelarme ese día.
El concierto estaba programado para las 8:30 y yo ya había tomado asiento como 45 minutos antes. Me moría de sueño y le rogaba a todos los dioses que la espera valiera la pena. Yo sólo estaba allí por curiosa y necia, nada más. Hacía meses que había visto anunciado un concierto de armónica, me llamó la atención, hice la nota mental de ir y punto. El viernes fue de planes infructuosos y proyectos fallidos, así que me aferré a que al menos una cosa me saliera como lo había planeado. De lo contrario me hubiera ido temprano a casa, estaba rendida después de andar dando vueltas por toda Ciudad Universitaria.
No tenía idea qué clase de piezas iban a tocarse y tampoco presté atención al acompañamiento. Como les dije, solo presté atención a la parte que decía armónica. Mientras entraba a la sala consideré que podría tratarse de una orquesta tocando piezas clásicas a las que se les añadirían solos con dicho instrumento. Pero no, en el escenario había únicamente un piano y dos atriles. Faltaba más de media hora para que se resolviera el misterio.
Cuando vi a Toots Thielemans me di cuenta que le aceptaría cualquier cosa. Apenas pisó el escenario se guardó mi corazón en el bolsillo. Su andar era lento y un poco tambaleante. Se le calculan fácilmente más de 80 años. Sin embargo su sonrisa y sencillez eran inmensas. De lejos se notaba su alegría. La mirada expectante con que recorría la sala era igual a la de un niño entrando en una juguetería. La forma en que saludaba al público con la mano era una delicia.Lo último que se podría decir de él es que es un viejo. Sin embargo tuvo que apoyarse en Kenny Werner, el tecladista, para llegar a su lugar, mientras Óscar Castro-Neves, guitarra en mano, parecía darle ánimos. Fue penoso ver los esfuerzos que hizo para subir a la silla, demasiado alta, dispuesta para él. Después de un rato sus piernas quedaron colgando, sin apoyo alguno. Sin inmutarse sacó su armónica del bolsillo y comenzó a tocar encantadoramente. La imagen era perfecta, parecía un chiquillo sentado al borde de un río matando el tiempo en una tarde calurosa.
El trío improvisó jazz y tocó bossa nova, principalmente. Yo me sorprendí de hallarme tan complacida con géneros que rara vez disfruto y que nunca busco por mi cuenta. Lamento poder decir muy poco acerca de lo que escuché. Como dije, el tipo de música no me era muy familiar y fue la primera vez que escuché más de una pieza con armónica, así que me es difícil transmitir mis impresiones a otros. Sólo puedo decirles que nunca me había divertido tanto con los sabores de una improvisación. Las del viernes eran juguetonas, relajadas, completamente lúdicas. Nadie se preocupaba por el virtuosismo, pese a que se necesita mucho para lograr interpretaciones tan logradas. Thielemans hacía ligeras indicaciones para diltar la duración de algunas partes que le gustaban particularmente. Salvo eso, parecía que el ir y venir entre el piano y la armónica era natural, como fijo de antemano y al mismo tiempo tan flexible. La guitarra estaba francamente perdida las más de las veces porque el micrófono correspondiente tenía muy poco volumen.
Toda la primera parte estuve pensando si lo que escuchaba eran varias piezas o una sola con varios moviemientos, así de integrado era su estilo que nunca me pareció repetitivo o cansino. En la segunda parte tocaron algunas cosas que en su momento cantó Sinatra, "What a wonderful world" de Armstrong y la primera canción bossa nova que fue grabada hace casi 50 años. (Ese día no entendí el título, pero la red apunta hacia "Cega de Saudade". Sin embargo no he podido corroborar que su autor la haya traducido al inglés y ese es el único otro dato que tengo.)
La sala estaba abarrotada. Los boletos para los primeros pisos estaban agotados de hacía tiempo y en el último había gente sentada en las escaleras o de pie en los pasillos. El público respondía a las caras ocurrentes de Thielemans y guardaba un silencio inmediato ante sus palabras. Las ovaciones de pie no se hicieron esperar y, cosa rara, no me parecieron desproporcionadas.
Fue un concierto bastante bueno y largo. Eran las 10:30 cuando dejamos la sala y me tomó una hora larga llegar a casa. Estaba rendida, pero disfruté mucho desvelarme ese día.
domingo, octubre 14, 2007
Cinco días
Hace ya tres semanas que lo encontré. Era un domingo cualquiera en los que hacía otro de mis desesperados esfuerzos por llegar a tiempo al teatro. Salí a la calle y vi que algo se movía en la jardinera del antro que está junto a mi casa. Por un momento creí que era una rata o algo igual de desagradable. No, era un gatito. Blanco y muy pequeño se retorcía desesperado buscando algo que le fuera familiar. Lo admito, estuve de pie frente a él más de un minuto tratando de ignorarlo. Sabía perfectamente qué iba a pasar si no seguía corriendo en ese momento. Todo fue en vano. Me fui de vuelta a la casa a buscar una caja de zapatos y una toalla.
Mientras trataba de mantenerlo caliente caí en la cuenta de cómo el gatito había llegado a la jardinera. Hacía tiempo que la gata que ronda mi azotea andaba con una panza descomunal, señal inequívoca de su malhadada preñez. Seguramente había dado a luz la noche anterior en el techo del antro y en algún descuido el gatito había caido a la calle.
Pasé todo el domingo tratando de mantener caliente al gatito. Lo envolví en una toalla debajo de la cual puse una botella con agua caliente y tiras de papel periódico. Instalé su caja junto a mi cama no sin antes mostrárselo a José. Lo miró extrañado durante un rato, sin saber qué era eso que yo sostenía en la mano. Se diría que no se atrevía a olerlo. Cuando por fin lo hizo se alejó indiferente, pero pasó toda la semana durmiendo en la sala. No sé si ya me perdonó por todo esto.
Me inquietaba mucho la forma en que el gatito se movía, desesperado. No paraba ni un segundo y tampoco dejaba de chillar. Después de acariciarlo lo bastante me convencí que no tenía nada roto. Era más o menos razonable, con apenas un día en el mundo el gatito todavía era de hule. También era un alivio que se contorsionara tanto, no hubiera podido hacerlo de sentirse demasiado mal.
Lamentablemente mis primeros esfuerzos por alimentarlo fueron infructuosos. Lo intenté primero con una jeringa, luego con la punta de mis dedos. Después de un rato fui poniéndome gotas de leche en la palma de la mano por donde el gatito se acercaba. Si se tomó dos fueron demasiadas. Huelga decir que acabé toda embarrada.
El lunes me fue mejor con un gotero y leche casi caliente, pero seguía demasiado inquieto. Sólo se tranquilizaba si lo cargaba o lo dejaba sobre mis piernas. Para la noche ya succionaba leche por sí solo y dormía a ratos. El martes le conseguí casa. Aunque tenía que cuidarlo hasta el fin de semana todo pintaba muy bien.
El miércoles me afané porque comiera bastante por la mañana ya que estaría fuera todo el día. Lo tapé muy bien y reforcé las paredes de su caja, de por sí altas, para que no se saliera de ella. Me fui creyendo que no habría ningún problema. Sabía que al regresar iba a encontrarlo hambriento, pero no pasaría de ahí. Mentira.
Cuando llegué a casa calenté su leche antes de subir. No me extrañó no escucharlo llorar, el pobre ya estaría cansado de llamarme sin éxito todo el día. El corazón se me fue al piso cuando vi su caja vacía. Empecé a buscarlo y lo hallé debajo de mi cama, frío, tembloroso pero aún con vida. Imposible saber cuánto tiempo llevaba en el suelo, helado. Lo envolví en su toalla, le lavé la boca que tenía llena de pelusa y traté de reanimarlo. Sólo parecía reaccionar a mi aliento, así que lo envolví bien y lo llené de vaho. Después de un rato le puse leche en la punta de la nariz e hizo un ligero intento por sorberla. Cuando lo vi un poco mejor le acerqué el gotero y parecío aceptalo pero no pudo succionar por sí mismo. Cada que habría la boca le dejaba caer una gota de leche dentro y poco a poco fue entrando en calor. Le arreglé una caja nueva, más alta que la anterior y me propuse mantenerlo caliente. Debo haberme despertado unas cinco veces esa noche para revisar que estuviera bien y darle de comer.
A la mañana siguiente seguía conmigo. Recordé un cuento de Benedetti y me fui a clase de francés un poco más tranquila. Todo fue en vano. Al volver lo encontré completamente quieto, respirando apenas. Lo sostuve en mis manos alrededor de media hora hasta que me convencí que estaba muerto. Después lloré a mares.
No sé que vi ese día en clase de italiano.
martes, octubre 09, 2007
Valérie
Si hay algo que no vale la pena es un hombre que no pueda hacer el amor en completa obscuridad.
jueves, octubre 04, 2007
Chamba
Estoy consiguiendo trabajo. Lamentablemente no solo se vive de reflexión y buenos momentos. Mientras sigo con los idiomas y la tesina (prometo más detalles pronto) reviso mis supuestos, contacto a los amigos, busco opciones de todo tipo. Abriré tantas puertas como me sea posible; en este momento estoy dispuesta a aceptar casi cualquier cosa.
Eso sí, después de haberme pasado meses saboreando la muy real posibilidad de vivir en Barcelona, lo último que quiero es encerrarme en una oficina 8 horas al día.
Eso sí, después de haberme pasado meses saboreando la muy real posibilidad de vivir en Barcelona, lo último que quiero es encerrarme en una oficina 8 horas al día.
lunes, octubre 01, 2007
De volada
No puedo escribir, hay varias cosas que decir y no sé cómo ni dónde empezar. Tampoco es este el momento más oportuno para hacerl, mañana no me voy a despertar a tiempo para irme a clase. En todo caso debería estar desvelándome haciendo la tesina o consiguiendo trabajo.
Sólo les adelanto que cada día estoy más convencida que no conseguir lo que deseas puede ser un gran golpe de suerte.
Gracias a todos.
Un beso.
Sólo les adelanto que cada día estoy más convencida que no conseguir lo que deseas puede ser un gran golpe de suerte.
Gracias a todos.
Un beso.
miércoles, septiembre 19, 2007
Se acabó
- COMUNICADO NO ACEPTACIÓN REGULACIÓN 07-08
Estimado/a Sr./Sra.:
Lamentamos comunicarle que su solicitud no ha sido seleccionada para la concesión de beca para el Master en Economía y Regulación de Servicios Públicos. Le agradecemos el interés que ha mostrado por el Programa de Becas de la Fundación Carolina, y le deseamos toda clase de éxitos en su futuro profesional. Reciba un atento saludo.
Departamento de Becas
Fundación Carolina
Estimado/a Sr./Sra.:
Lamentamos comunicarle que su solicitud no ha sido seleccionada para la concesión de beca para el Master en Economía y Regulación de Servicios Públicos. Le agradecemos el interés que ha mostrado por el Programa de Becas de la Fundación Carolina, y le deseamos toda clase de éxitos en su futuro profesional. Reciba un atento saludo.
Departamento de Becas
Fundación Carolina
sábado, septiembre 15, 2007
Tesina. Día 4.
Tengo una variable categórica con demasiados niveles. Ya intenté dos agrupamientos pero ninguno me convence todavía. No sé si optar por el que tiene distribución más homogénea o por la que me da una tabla de contingencia más llenita. Sin embargo, este fin de semana está dedicado a la patria así que volveré a pensar en ello hasta el lunes.
Aparte
Llevo varios semanas soñando cada noche. Incluso cuando tomo una siesta termino soñando algo. No sé que sea, pero hay algo en esto que me desagrada.
Aparte
Llevo varios semanas soñando cada noche. Incluso cuando tomo una siesta termino soñando algo. No sé que sea, pero hay algo en esto que me desagrada.
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