viernes, septiembre 22, 2006

Estás loco

Nunca has rezado por mí, eres frágil, temperamental, te crees omnisciente. Pero no hay nada que puedas arrebatarme. Puedes seguir bailando en la disco de cualquier lugar.


Lo regalado es mío y se acabó, no lo devuelvo...

miércoles, septiembre 13, 2006

Happiness

El otro día contesté el teléfono:

- ¿Bueno?
- Hola, mi amor.
- ¿Quién habla?
- Ah, perdón. Me equivoqué de número. Estaba marcando para lo de un trabajo, pero no importa. Me llamo Ricardo, ¿Te molestó que te dijera mi amor? Porque fíjate que a mí me gustaría que...

Pensé en Philip Seymour Hoffman pegando una postal en la pared. De inmediato colgué.

lunes, septiembre 11, 2006

Repaso

Tengo el corazón entumido, fuera de práctica. Cubierto de moho y oculto debajo de un montón de escombros. Se comporta como esos animalillos que huyen de la luz y excavan y excavan para hundirse cada vez más. Es un cobarde.

¿Por qué desconfío de las mujeres altas? ¿Por qué me agradan los hombres de manos alargadas? Manos como las de mi padre, al que vi por última vez hace ya tantos años. ¿Cómo es reír como una niña? No lo recuerdo y sé que alguna vez lo hice. Reír, volar, estar en el aire girando y sintiendo la brisa corriendo entre mi cabello, revolviéndolo. ¿Hace cuánto murió? ¿Hace cuánto lo enterré?

Sé que debieron existir días así, días de mirar mis manos e imaginar mundos extraños sin fin, lejanos y bellos por los que podía caminar con solo desearlo. Mis manos, tan ajenas a mí, casi con vida propia. Solo tenía que dejarme llevar un poco por ellas para empezar a construir, a tocar, a sentir a través suyo el mundo allá afuera, el mundo aquí dentro. Podía estar así largo rato, ensimismada, pensando, sintiendo, reconociéndome. ¿Son estos los recuerdos de otro? No, espero que no.

¿Cuándo dejaré de huir? ¿Cuándo dominaré ese pavor al abandono? No tengo miedo a romperme, temo que cuando vaya a juntar los pedazos no encuentre ninguno, tengo miedo a disolverme y perderme en el infinito, sin forma, sin peso, sin luz.

Quizá hoy me detenga y lo intente, quizá la sonrisa que devolví hoy no me haga daño. Quizá este calor que siento en el pecho no desaparezca mañana, quizá las lágrimas tengan esta vez otro sabor.

domingo, septiembre 10, 2006

Frente al espejo

Los escritores cuentan con el relato autobiográfico; los pintores tienen el autorretrato. La opción de escultores, fotógrafos, cineastas es también natural.

Pero, ¿y los músicos?

sábado, septiembre 09, 2006

Solaris

Si estuviera allí, yo misma vendría a hacerme compañía.

viernes, septiembre 08, 2006

Tres cuentos

Así se llama el último libro que terminé de leer. Son tres pequeñas historias autobiográficas sobre la infancia de Truman Capote. Están plagadas de belleza y armonía. Lo poco que dice sobre la relación con sus padres es el perfecto cimiento psicoanalítico para el modo en que el autor vivió sus últimos días. También podría explicar el esnobismo y glamour con el que buscó rodearse siendo un adulto, si se considera la miseria y aislamiento en la que pasó sus primeros años. Del origen de su genialidad indiscutible, ni pista.

jueves, septiembre 07, 2006

¡Pésimo!

Así estuvo el concierto de los Babasónicos anoche. No hay mejor palabra para describirlo. Debí presentirlo desde el retraso que hubo al inicio. Los primeros minutos pasaron sin problemas, incluso algunos asistentes que llegaron con retraso se felicitaban por no haberse perdido nada.

Cuando por fin subió el telón pudimos verlos en medio del escenario, estáticos, envueltos en unas túnicas color púrpura. Empezaron a tocar Ciegos por el diezmo y yo estaba feliz sintiendo como mi pecho vibraba con el sonido que traían. Era increible, distorsionado pero potente, igualito que en las tardeadas de la prepa. Cuando empezaron los acordes de Sin mi diablo, la emoción era insuperable, el público empezo a saltar y corear. Cuando todos gritamos emocionados "la verdad es que no soy nada sin mi diablo" empezó el desastre. No, Adrián no había hecho el silencio para dejar que su público estallara y las luces no se habían apagado para darle mayor dramatismo al momento: la subestación eléctrica del Auditorio se había rostizado.

De ahí ya no se pudieron levantar. Adrián se había largado del escenario haciendo un justificadísimo berrinche mientras todos, tecladista de la banda incluido, nos mirábamos perplejos. Cuando se reanudó el espectáculo el ambiente era tenso. Cierto que le estaban echando ganas pero la chispa se había disipado por completo.

Todas las rolas que tocaron fueron de sus tres últimos álbumes, excepto Corralcarraza del Trance Zomba. Traían unos arreglos con sonidos más bajos y percusiones más contundentes; sonoros y menos melódicos. Por mí no había bronca, aunque sí se extraño el sonido suavesón en Curtis. La iluminación era muy escueta, bastante inferior a la que trajeron la última vez al Metropolitan. La imagen en las pantallas era blanco y negro, con una fotografía que por momentos (y en el mejor de los casos) me hacía pensar en el Show de Ed Sullivan.

Insisto, todo fue cuesta abajo. Por más que Adrián brincaba, bailaba, jugaba con el pedestal del micrófono y demás, no se podía quitar la maldita cara de fastidio. No veía la hora de acabar. Hacia el final estaba francamente hostil con el público. Creo que no debió salir al encore (¿así se dice?) de tan mala gana. Y la verdad es que no se lo estabamos pidiendo ansiosamente. Si nadie se movió de su lugar fue por lo extendido del convencionalismo, se tenían que aventar unas rolas más.

Una de las ventajas de haber pagado 550 varos fueron ver a Diego Tuñon (en mallitas glam y toda la cosa) y a Mariano Roger tan de cerquita. Los dos (a la izquierda como siempre) están increíbles. La otra fue que tener a Anónimo junto a mí, viendo el concierto muy atento con las manitas metidas en los bolsillos. 15 segundos fatuos, los de seguridad se lo llevaron enseguida porque se nos venían encima una avalancha de chamaquitas.

Pero lo verdaderamente genial de la noche fue escuchar Irresponsable sin que mi corazoncito se inmutara.

martes, septiembre 05, 2006

Esta noche

Sobre la pierna derecha tengo un lunar, un moretón y un tatuaje.

lunes, septiembre 04, 2006

No hallo el modo

Necesito detenerme y pensarlo un poco. Es que mi administración del tiempo es en serio desastrosa. Veo cómo cada día se me escurre de las manos, como las horas pasan y se van prácticamente en vano. Casi extraño tener que cumplir con los horarios de la chamba (!¡). Creo que el principal problema es aún no he creado puntos de referencia. Antes era más fácil porque sabía que tenía que trabajar de 9 a 6, que los sábados y domingos eran para descansar y que las noches eran como cajitas donde poner los misceláneos. Ahora simplemente no sé. Mis fines de semana se han alargado y se desdibujaron sus funciones; pierdo el dinamismo anterior de las noches al saber que puedo alargarlas sin problemas (sí, cómo no); pero lo peor son las mañanas, ¡¿dónde están?!

Además el ocio me hace sentir culpable. No puedo simplemente sentarme y leer. Cuando lo hago en el metro no hay conflicto porque no hay más nada que hacer. Es más, me da la satisfacción adicional de saber que hago dos cosas a la vez: viajar y leer. Con mis obligaciones no me comporto mejor: hoy terminé la tarea de Metodología al cuarto para la hora.

Lo dicho, creo que todo es falta de referentes. Espero crearlos pronto y dedicarme a cuestiones menos pavotas, pero que conserven la simplicidad de los clásicos. Por lo pronto, hoy me iré a dormir temprano.

sábado, septiembre 02, 2006

Sin duda

Ayer corrieron el vino, las risas, los abrazos, las bromas, las lágrimas, las historias, la vida.

Los amigos son lo mejor.